jueves, 8 de septiembre de 2011

¡¡ ADIOS MANOLO !!

Desde pequeñito  recuerdo que en el piso bajo de la calle Juan Sebastian Elcano portón ocho, era permanente un olor a vainilla, viviamos con ese olor impregnado a nuestras vidas, todo era como consecuencia del  trabajo de Mis Vecinos. 
El está jubilado, ha sido Funcionario Municipal. Cuando estuvo en activo fue Guardia Urbano, de los del casco. Está casado con Mercedes Mesa; tienen tres hijos, el más pequeño es José Luis, la segunda Mercedes y el mayor Manuel (para mi, es Manolín). Hemos nacido puerta con puerta, juntos nos hemos criado, crecido, ennoviado, casado, empadrado, abuelado y seguimos siendo muy amigos, tambien  Merceditas con mi hermana Afri, han sido y son como hermanas.
Manolo y Mercedes, un matrimonio de familia humilde y trabajadores, han sido durante muchos años nuestros vecinos, se han llevado de maravillas con mis padres, las puertas siempre han permanecido abiertas, como ocurría antiguamente; los olores a guisos de una casa se confundían con los aromas de la comida del vecino.  Mi madre se acercaba a su casa y...¡¡Toma Mercedes un platito, para que lo probéis!! Al rato se asomaba Mercedes... ¡¡Carmen toma que he hecho mermelada de sidra!! ¡¡Qué a tu Joaquinito le gusta mucho!!... ¡¡Jooooo!!. Yo Mismo me volvía loco por un trozo de sidra de la que preparaba Mercedes, sobre todo la mermelada, todavia en feria me suelo comprar un poco de sidra, para que no se me pierda el sabor, ¡¡perooooooo ni punto de comparación!!.

Manolo sentado en su negocio, preparando
la garrapiñada.
¡¡Igual  estarás preguntándote!! Yo Mismo... ¿quién es esta familia?
Pues mira,  este buen hombre es Manuel Sanchez Ordoñez pero se le conoce como “Manolo El de la Garrapiñada”.
¡¡Aaaaaaahhhhhhh, siiiiii el de las garrapiñadas!!, ¿¿ El que estaba en el Paseo de las Palmeras??
¡¡Exactamente!!
Creo que antes que nosotros naciéramos ya estaba Manolo en esa mesita plegable y esa sillita de tijeras que guardaba en el bar “Sin Nombre” y que cada tarde iba a recogerla, junto a un cuenco hondo de cobre, un recipiente para calentar la materia prima (agua, azúcar, almendras y vainilla).

Esta es la calle O´Donnell, donde se encontraba
el Bar Sin Nombre.
Habia veces que Manolo tenia servicio como Guardia Urbano y en el interior del bar Sin Nombre se cambiaba de ropa, inmediatamente se iba al paseo de las palmeras, a montar su mesita.
Todas las tardes se sentaban Manolo y Mercedes junto a una palmera que había justo delante de la estatua de González Tablas; a media tarde empezaba a haber un olorcito a garrapiñadas que nos obligaba a comprar un cartuchito por una peseta… ¿Quién no ha comprado alguna vez, un cartuchito? incluso Gonzalez Tablas cerraba los ojos e inspiraba hondo por la nariz.


Si cerrais los ojos, seguro que olereis a garrapiñadas
 Pasear un domingo por la tarde y no oler a garrapiñadas por el paseo de Las Palmeras, ya no era lo mismo, Teníamos que pasear con el aroma de la vainilla… Manolo cada vez que hacía un cuenco de garrapiñadas lo limpiaba con un poquito de agua que vertía junto a la palmera… Por cierto, sigue ahí y es la Palmera más bonita, dulce y lustrosa de toda Ceuta.

El paseo de las Palmeras se ha reformado
varias veces, pero la palmera de
Manolo y Mercedes sigue ahi.
Cuando regresaba Manolo a casa dejaba un rastro a garrapiñadas, que dejaba encandilado a todos los vecinos.
Cuántas veces habrá hecho garrapiñadas en su casa para todos los niños del barrio… pasábamos por la ventana y ese olorcito nos hacía asomarnos y hacer la pregunta del millón: ¿Qué estáis haciendo? Mercedes ya tenía preparado el cartuchito… ¡Anda, bajar, que te voy a dar un poco para que las pruebes!!

Si tienes ganas de hacer garrapiñadas, aquí te pongo una receta. Ni mucho menos pretendas que te salgan igual que a Manolo, él le daba un punto y un toque que ni los feriantes que vienen todos los años las hacen igual; no tienen ni punto de comparación.
Perol de garrapiñadas.

Se calienta agua con azúcar
Cuando empiece a caramelizarse,
Se le hecha la almendra sin pelar,
Un toque de vainilla,
Mover continuamente para que no se peguen…

Esta receta anda por todos lados por Internet, aunque Yo Mismo creo que lo importante no es la receta sino el cariño con que Manolo y Mercedes hacían sus garrapiñadas.
Este matrimonio han sido siempre muy participativos, en todo lo referente de la barriada, Manolo estuvo varios años en la directiva de la Asociacion de Vecinos, tambien participó en varios teatros del Centro Asesor de la Mujer y en el coro de Santiago Apostol.
Mis Vecinos, siempre han sido muy querido por todos.

Manolo acompañado por un grupo de mujeres Odoneras.
Bailando durante unas fiestas en el Local Social.
Manolo en el coro de adultos de Santiago Apostol.

Una visita que hicimos a Manolo y Mercedes.

Desde aquí, Yo Mismo le quiero rendir un homenaje a este matrimonio, primero porque han sido y son como mis padres y segundo porque formaban parte de nuestra juventud y eran una de las esencias del Paseo de Las Palmeras.

Hace unos dias Manolo se ha marchado a un Paraiso donde estoy seguro que se ha encontrado con todos sus vecinos y amigos, los cuales se habrán puesto muy contento al recibir a este Polifacetico hombre que seguro les hará unas garrapiñadas.

¡¡Adiós Manolo, te echaremos de menos!!

11 comentarios:

afri dijo...

Me has trasladado a la infancia y juventud,efectivamente estos vecinos siguen siendo como nuestros padres,Merche como hermana, Manolín y José Luis como hermanos...Hablas de los aromas y olores no hace mucho le comente a Mercedita el olor del guiso de lentejas que hacia sú madre,pues era diferente por los ingredientes de Jaén,morcillas y chorizo,ese olor es al igual que las "garrapiñadas inolvidables, están bien guardaditos en la mente. Y el paseo en la juventud, cuantas veces me regalaba el cartucho..Historia real y emotiva,muchos besos para Manolo y Mercedes. y a ti uno muy gordo.

reo dijo...

No has faltado a la verdad en este relato, todo lo que has narrado es real, lo viví personalmente cuando era un niño de los que se asomaba a la ventana a la espera del cartuchito de garrapiñadas, y también lo viví ya de jovencito en ese entrañable Paseo de Las Palmeras con ese olor que lo inundaba y que te incitaba a comprar el pertinente cartucho de garrapiñadas para invitar a la jovencita que te acompañaba en el paseo dominical y que hoy en día me sigue acompañando en mis paseos diarios. Tu relato me ha hecho retroceder mas de 40 años y me ha llenado de recuerdos y de nostalgia.

Javi Lopez dijo...

Joaquinito, has conseguido despertar en mi aquel paseo de Las Palmeras y ese olorcillo a garrapiñadas, que tus vecinos preparaban con tanto esmero.
Un beso para esta parejita de jovenes y un abrazo para ti.

antonio dijo...

Nuevamente un relato precioso, emotivo y siempre inolvidable. Manolo y Mercedes un matrimonio ejemplar, una familía de la que nos sentimos orgullosos de haberla tenido de vecinos y haber compartido con ellos momentos que estan grabados felizmente en nuestras mentes y corazones. Abrazos y muchos besos para ellos.

Merche (Tu vecina) dijo...

a veces, miro ya a la hora que estoy mas tranquila y como siempre, contigo me llevo sorpresas, pero esta es demasiado, porque me dejas ahogada de la vainilla,y porque eso no era un hobby, sino un sacrificio para que a sus hijos no nos faltara de nada, por eso me he quedado cuajada de volver a ver la historia mas dulce que se pueda vivir y es la NUESTRA. Un beso, sin palabras

aidafm dijo...

Es un homenaje precioso que le has dedicado a tus queridos vecinos, ¡¡se lo merecen!!. La imagen de ese querido hombre sentado en su silla y haciendo su rica garrapiñada, me trae recuerdos muy bonitos de nuestra querida juventud, paseando por ese lindo paseo.Un abrazo para ellos y sus queridos hijos

caberna dijo...

Entrañables personajes del barrio, que siempre nos acompañarán en la memoria a los que estamos fuera del barrio, por mucho tiempo que pase, con sus olores, sus sabores y su grandeza como personas.
Gracias, como siempre, por mantener los recuerdos vivos.
Un abrazo.
Carlos

juan antonio dijo...

creo que no habrá ni un solo ceutí de esa época que no conociera a esa estupenda persona, como guardia urbano y sobre todo por esas estupendas garrapiñadas que a todos nos gustaban tanto, por supuesto ese olor despues de tantos años todavía permanece en nuestros corazones, estupenda y entrañable historia amigo Joaquín. un saludo

Vespino dijo...

Entrañable historia y bonito homenaje.Creo que deberia hacernos reflexionar, por lo menos a mi me lo hace,de lo que han cambiado las relaciones personales "para mal".La humildad y lo simple que eran la relaciones entre personas que se veian casi a diario.Que simple y sana era la relacion de respeto y la colaboracion entre unos y otros. Ahora es impensable que un guardia(ahora municipal),tenga otra actividad donde se le vea "mezclado" como un ciudadano de a pie.
Todo el mundo corre, nadie se fija en nadie, salvo para envidiar lo que tienen los demas.
Bueno vale, vale ya ¡¡¡
Lo dicho, entrañable historia incluso para los que solo le dijimos a este buen hombre; "me da un cartucho".

maria jesus dijo...

Me alegra mucho saber que estan bien. El paseo no hubiera sido lo mismo sin el.

lo siento, porque se que a los que vivis en Ceuta os gusta, pero no me gusta nada lo que ha hecho Cesar Manrique, es artificial, y ha convertido Ceuta, que era una ciudad distinta y especial, en una ciudad turística más.

Me gustaba aquel paseo al lado del mar, que si hacía poniente casi te salpicaba; del puente Almina al puente del Cristo, parada para rezo, y vuelta; con el olorcito a las garrapiñadas de tu vecino, que quitaba el mal olor del urinario; y uno que aparacía de vez en cuando vendiendo palmitos.

Ahora sería de otra manera, pero han quitado el mar.

Ofelio dijo...

Se puede decir de muchas maneras, pero no con la belleza de relato y la poesía que encierra. Manolo era más que un vecino Odonero, Manolo es, y digo bien claro ES, toda una institución en Ceuta. Todos vosotros, amigos y vecinos, le estais dando ahora en su ausencia, todo el mérito y valor, que como ser humano, siempre ha llevado consigo. Mis palabras sobran. Manolo.... nos volveremos a ver. Ofelio